Las sirenas cantan en la mar profunda y abierta.
Hoy, desde mis aposentos a estas letras, desde vuestras casas, hacia la mía, os escribo sumergido en un corazón de piedra, helado y frío, como este mes de Enero. Hoy, cuando perdí mi batalla naval, cuando aflojé la cuerda y tiré el ancla al mar para estacionar, para bajarme de este navío, para dejar de surcar aguas que ya no me pertenecen, hoy es cuando quiero concentrarme en hacer correr la mala noticia, pues hoy es cuando este indeleble y frágil marinero perdió su rumbo mercante. Se perdieron las coordenadas a altas horas de la madrugada, entre la espesura señor, entre la espesura… Fue un hermoso rumbo, plagado de nuestros mas sinceros sentimientos. Ahora he de continuar, ser fuerte y afrontar esta vida sin llantos ni lagrimas, agarrándome al mástil de este timón y tergiversando el rumbo de mis sentimientos para por fin poderlos posicionar de otra manera, hacia otro destino. No perdí todo, pues aun cuento con la confianza y el poder contarle mis mas sinceros pesares a la pasajera que entre mutuo acuerdo de decisión, dejó de ser mi fiel compañera en estas aguas cristalinas. Ambos abandonamos la travesía, cuan bonita para vos sos, cuan bonita parecía en el exterior, pero en el interior sus menos y mas aguardaban sin nadie saber de su existencia.
Tan solo, este agua es azul, como el cielo.
Pues ya no hay retroceso, prefiero dejar pasar la corriente de agua. Prefiero dejar que otros beban y prueben, pues no me siento con fuerzas si hubiere un retroceso, perdí mis emociones, no todas, aun guardo las de la amistad. Siento algo inmenso dentro de mí hacia esa persona, pero ya no es lo mismo. Si hay algo que no se pierde en un final que no fue ennegrecido, es la amistad. Amistad que conservaré, de aquí, hasta el final de mis días.
Fin.
Desde aquí, me despido con pañuelo blanco, valiente y franco. Un saludo marineros de agua dulce. Hasta la proxima.